Si tienes un gato en casa y estás pensando en meter a un American Bully, es normal que te asalten las dudas. Por un lado, tienes a un felino que se cree el dueño del universo, y por otro, a un "tanque" de músculos que, aunque sea un trozo de pan, impone respeto. ¿Pueden llegar a ser mejores amigos?
La buena noticia es que el American Bully es una de las mejores razas para convivir con otros animales. Pero ojo, no es llegar y besar el santo. Hay que seguir un protocolo para que el salón no se convierta en un campo de batalla. ¡Hoy te cuento cómo lograr que acaben durmiendo la siesta juntos!
1. El instinto del Bully: ¿Cazador o Compañero?
A diferencia de otros perros de caza, el American Bully tiene una baja "pulsión de presa".
UN PERRO DE FAMILIA Y LA CURIOSIDAD
El chip mental: Para un Bully equilibrado, el gato no es una presa, es un miembro más de la pandilla. Su instinto es proteger, no cazar.
La curiosidad pesada: El mayor problema es que el Bully es un "pesado". Querrá olerlo y seguirlo por todas partes, algo que a los gatos no les suele gustar nada.
2. Las reglas de oro para la primera presentación
Nunca los sueltes en la misma habitación el primer día. Sigue este plan:
Intercambio de olores: Frota una toalla al perro y ponla donde duerme el gato, y viceversa. Que se conozcan por la nariz antes que por los ojos.
La barrera de seguridad: Usa una rejilla de bebé o mantén al Bully con correa corta. Si el perro está tranquilo, prémialo.
Vías de escape para el gato: El gato siempre debe tener un lugar alto donde el perro no llegue. Si el gato se siente acorralado, atacará.
3. ¿Quién manda en casa? (Pista: No es el perro)
En la mayoría de los casos, el gato es el jefe. El American Bully es muy respetuoso con las jerarquías. Una vez que el gato le marque el límite, el Bully entenderá que con el felino no se juega a lo bruto.
EL PELIGRO DEL JUEGO
Un Bully de 35 kilos puede lastimar a un gato de 4 kilos sin querer. Tu trabajo es supervisar siempre y frenar al perro si se pone demasiado excitado o brusco.
4. Consejos de convivencia diaria
Comederos separados: Nunca los alimentes juntos al principio. La comida es el motivo número uno de peleas.
La caja de arena: Mantén el arenero fuera del alcance del perro. A muchos Bullies les da por "limpiar" la arena, y eso estresa muchísimo al gato.
Premiar la calma: Cuando estén tranquilos en la misma habitación, dales premios a ambos para que asocien la presencia del otro con algo positivo.
5. ¿Qué pasa si mi Bully es adulto y nunca ha visto un gato?
Ten más precaución. Si el perro tiene un instinto de persecución alto, quizás necesites ayuda profesional. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la nobleza del Bully acaba ganando y terminan siendo inseparables.
Conclusión: Un equipo invencible
Ver a un American Bully enorme compartiendo cama con un gato es de las imágenes más tiernas que existen. Requiere paciencia y supervisión, pero tendrás una casa llena de amor y equilibrio. ¡Vale la pena el esfuerzo!

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