A veces, con el American Bully, nos pasa lo mismo que con esos coches potentes y musculosos: creemos que son máquinas indestructibles que aguantan todo. Pero la realidad es que el Bully es más parecido a un atleta de élite que a un tanque blindado. Son perros sensibles que, bajo esa capa de músculos de acero, esconden una fisionomía que requiere cuidados de "relojero suizo".
Muchos dueños, con la mejor intención del mundo, cometen errores diarios que van minando la salud de su compañero. Cosas tan simples como dejarlo subir al sofá o sacarlo a correr un poco de más pueden pasar factura en unos años. Hoy vamos a abrir el capó de nuestro "tanque" y ver qué estamos haciendo mal para corregirlo hoy mismo. ¡Tu Bully te lo agradecerá con muchos años de salud!
1. El error de las escaleras y los saltos (El asesino silencioso de sus codos)
Este es el error número uno de los dueños de Bullies, especialmente de los XL y los Pocket más masivos.
EL PROBLEMA Y LA CONSECUENCIA
Las articulaciones del American Bully cargan con mucho peso en muy poco espacio. Cada vez que tu perro baja una escalera o salta desde el maletero del coche, sus codos y hombros reciben un impacto equivalente a tres veces su peso. Esto provoca displasia de codo y artritis prematura. Un Bully de 5 años no debería caminar como un anciano.
LA SOLUCIÓN
Usa rampas para el coche y evita que suba y baje escaleras largas a diario mientras sea cachorro. Si puedes cargarlo, hazlo. Si no, enséñale a bajar despacio, peldaño a peldaño.
2. Ejercicio explosivo antes de tiempo: ¡Paciencia con el cachorro!
Ves a tu cachorro de 6 meses y ya parece un "minitrozo" de músculos. Te emocionas y te lo llevas a correr o a tirar de una cuerda. ¡ERROR!
EL "EFECTO GELATINA"
Los huesos de un American Bully no terminan de osificarse (endurecerse) hasta que cumplen los 14 o 18 meses. Antes de eso, sus huesos son flexibles como el cartílago. Si lo fuerzas a hacer ejercicio de impacto o de tiro muy pronto, sus huesos se deformarán. Verás patas "hacia afuera" o espaldas arqueadas que no son genética, sino culpa de un entrenamiento demasiado temprano.
CONSEJO DE AMIGO
Deja que corra y juegue a su ritmo, pero nada de sesiones forzadas de "gym canino" hasta que sea un adulto hecho y derecho.
3. Confundir "Masa Muscular" con "Grasa": El peligro del perro gordo
En el mundo del Bully hay una obsesión por que el perro se vea ancho. Pero hay una diferencia gigante entre un perro ancho por músculo y un perro ancho porque le sobran 5 kilos de grasa.
EL CORAZÓN BAJO PRESIÓN
El corazón del Bully ya trabaja duro para mover sus músculos. Si encima tiene que bombear sangre a través de capas de grasa, le estás quitando años de vida. Si no puedes notar sus costillas al pasar la mano por su costado, tu perro está gordo. Punto. No está "masivo", está obeso.
LA SOLUCIÓN
Dieta estricta y ejercicio de calidad (caminar mucho). Un Bully sano debe tener cintura.
4. Ignorar los ronquidos: No siempre es "su gracia"
Nos hace gracia que nuestro perro ronque como un camionero, pero a veces eso es señal de un síndrome braquicéfalo o de paladar blando elongado.
¿CUÁNDO PREOCUPARSE?
Si tu perro ronca incluso cuando está despierto o si se asfixia con un mínimo de calor, no es normal. La falta de oxígeno constante daña el corazón a largo plazo. Una pequeña operación veterinaria cuando son jóvenes puede cambiarles la vida por completo.
5. Suplementación a ciegas: El peligro del Calcio
Muchos dueños primerizos le dan calcio extra a sus cachorros para que "crezcan más fuertes". Este es uno de los errores más peligrosos que existen.
LA CALCIFICACIÓN PREMATURA
Demasiado calcio hace que los huesos se cierren antes de tiempo o que crezcan con deformidades dolorosas. Si le das un buen pienso o una dieta BARF equilibrada, tu perro ya tiene todo el calcio que necesita. No le des suplementos químicos a menos que un veterinario te lo pida.
Conclusión: Menos es más cuando hablamos de salud
Cuidar a un American Bully es una carrera de fondo, no de velocidad. No tengas prisa por verlo fuerte, no lo fuerces y, sobre todo, mantente atento a lo que su cuerpo te dice. Un dueño que cuida las articulaciones, el peso y la respiración de su Bully está asegurándose un compañero fiel para la próxima década.
¡Tu perro no es un tanque, es un deportista de élite! Trátalo como tal.

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